Las tarjetas de crédito y las de débito son, actualmente, dos de los medios de pago más exitosos, ya que nos permiten no tener que llevar dinero en efectivo encima. Por eso, si buscas las mejores tarjetas del mercado, con el comparador HelpMyCash.com podrás compararlas en minutos.

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¿Qué son las tarjetas y para qué sirven?

Las tarjetas son un medio de pago utilizado como sustituto del dinero en efectivo y como método de financiación. Las comercializan tanto los bancos como las financieras y cuentan con un elevado nivel de aceptación en España. Sus principales funciones son, en primer lugar, permitir a su titular sacar dinero de un cajero automático, en segundo lugar, abonar compras en comercios tanto físicos como virtuales y, en tercer lugar, financiar compras. Pero también incluyen otras funcionalidades como sacar dinero de la línea de crédito, acumular puntos, etc. Las más habituales son las tarjetas de crédito, las tarjetas de débito y las prepago, pero también podríamos hablar de tarjetas de fidelización, de regalo o de puntos.

El éxito de las tarjetas ha sido notable desde que se popularizasen a mediados del siglo XX. Los datos hechos públicos por el Banco de España lo ponen de manifiesto. A 31 de diciembre de 2016 había 74,51 millones de tarjetas en circulación en España, un incremento del 62,7 % con respecto a la cifra del año 2000. No obstante, la evolución no ha sido igual para las tarjetas de crédito que para las de débito; mientras que el crecimiento de las primeras ha sido imparable, pasando de 16,06 millones al cierre del año 2000 a 48,75 al término del pasado año, las tarjetas de débito han disminuido (de 29,74 millones al inicio del milenio a 25,76 al cierre del año 2016). Sea como fuere, el caso es que desde hace año en España hay más tarjetas que habitantes, una prueba más de que las tarjetas como medio de pago no han sido una simple moda, sino que son una de las herramientas para realizar abonos más populares.

Acceder a una tarjeta de débito implica un proceso muy sencillo. La mayoría de las cuentas corrientes las llevan asociadas y es muy habitual que cuando se contrata una cuenta corriente, simultáneamente se dé de alta también una tarjeta de este tipo por contrato, junto con el servicio de banca a distancia que también se suele contratar al unísono. No obstante, acceder a las tarjetas de crédito suele ser más complicado, porque requiere un estudio previo de la solvencia del cliente por parte de la entidad y de que este cumpla ciertos requisitos (nómina, antigüedad en el banco, etc.), ya que se trata de un medio de financiación. No obstante, cada vez resulta más fácil contratarlas, ya que están proliferando las tarjetas de crédito sin cambiar de banco, es decir, que no exigen que abramos una cuenta corriente nueva y cuyas cuotas se pueden domiciliar donde el cliente quiera.

Los 3 tipos de tarjetas más habituales de hoy en día

El rotundo éxito que han cosechado las tarjetas durante las últimas décadas ha facilitado la aparición de nuevas modalidades, pensadas para finalidades distintas como, por ejemplo, el pago aplazado de compras o la adquisición de productos a través de Internet con total seguridad. Hablamos de las tarjetas de crédito, que permiten obtener financiación al instante y abonar el importe de una compra en diferentes cuotas mensuales, de las de débito, utilizadas como un simple monedero ligado a una cuenta corriente y de las tarjetas prepago, similares a las de débito, pero que requieren cargarse previamente y están enfocadas, sobre todo, a la realización de compras online.

Con el objetivo de entender las diferencias entre las tarjetas de crédito, débito y prepago, a continuación te explicamos cómo funciona cada tipo de tarjeta y para qué situaciones está pensada cada una. Así podrás saber cuál te conviene y en qué casos deberías usar una u otra.

Tarjetas de crédito:

Las tarjetas de crédito hoy en día son la versión más popular en España de este tipo de medios de pago, con una cantidad en circulación que supera con creces a las tarjetas de débito. La principal particularidad de estos plásticos es que no sirven únicamente como sustitutos del efectivo para pagar las compras que hagamos en los comercios, sino que son un medio de financiación y nos permiten abonar las compras con un dinero que no es nuestro y que luego tendremos que devolver. En resumen, mientras que las tarjetas de débito y las prepago descuentan directamente el dinero que hayamos gastado de la cuenta asociada o del saldo cargado previamente, las de crédito nos ofrecen la posibilidad de ir asumiendo préstamos (sin superar el máximo del crédito que tengamos disponible) cada vez que queramos realizar un pago y luego devolver ese dinero a final de mes o en cuotas mensuales.

El uso de las tarjetas de crédito implica asumir un compromiso: el titular deberá devolver el dinero que haya tomado prestado en la fecha pactada y, si los hubiese, debería abonar los intereses que se devengasen de la operación. Así, debemos tener presente que cuando abonamos el importe de una compra con las tarjetas de crédito o extraemos dinero de un cajero automático lo que en realidad estamos haciendo es retirar una parte del importe de la línea de crédito y, por lo tanto, asumir una deuda con el banco o la financiera, mientras que si sacásemos dinero con una tarjeta de débito o pagásemos una compra, el dinero dispuesto sería el de nuestra cuenta corriente, es decir, el nuestro. En esos casos, el dinero utilizado se tendrá que devolver de una manera u otra en función de la modalidad que se haya escogido: a final de mes sin intereses (solo se devuelve el dinero utilizado), en cuotas fijas mensuales, a plazos abonando un tanto por ciento de la deuda cada mensualidad o en un número de meses concreto.

En resumen, las tarjetas de crédito además de ser una herramienta de pago para abonar compras, al igual que las de débito o las prepago, funcionan también con un medio de financiación, con el plus de que la financiación se consigue al instante, ya sea realizando una compra y solicitando el pago aplazado, sacando dinero de la línea de crédito a través de un cajero o realizando una transferencia de la tarjeta a la cuenta. 

Estas son las características principales de cada modalidad de reembolso:

  • Pago fraccionado: se trata de la modalidad de pago más característica de las tarjetas de crédito. Básicamente consiste en devolver el dinero gastado en cuotas mensuales, en lugar de inmediatamente, como ocurre con las tarjetas de débito o prepago, o de golpe a final de mes. La principal ventaja de aplazar el pago de las compras es que permite hacer frente a gastos abultados de forma cómoda y asequible. No obstante, también tiene desventajas: fraccionar el pago de una compra implica, por un lado, contraer una deuda con la entidad (el dinero se tendrá que devolver en el plazo pactado y de la manera acordada, normalmente en cuotas mensuales) y, por el otro, el pago de intereses. Es decir, que al final se acaba pagando más dinero de lo que costó el bien o producto original que se financió. El tipo de interés al que tendremos que hacer frente al fraccionar una compra con tarjeta dependerá del "plástico", pero la media se sitúa en torno al 21 %. Sin embargo, es posible encontrar tarjetas de crédito con un tipo de interés mucho más bajo, de manera que financiar una compra con ellas será mucho más barato. No es lo mismo hacer una compra de 500 euros y aplazar su pago durante seis meses al 21 % que al 12 %. Hay que tener presente que como ocurre con cualquier otra deuda, en el caso de retrasarse en el pago de las cuotas o, directamente, de dejar de abonarlas, se irán acumulando intereses moratorios y comisiones, lo que encarecerá la deuda y podría acarrear consecuencias poco agradables como la inclusión de nuestro nombre en un registro de morosos o, incluso, el embargo de la nómina.

  • Pago total a final de mes o a principios del siguiente: este método de pago consiste en liquidar, de una sola vez, todo el saldo que se haya utilizado durante el mes con la tarjeta de crédito. Por lo general, el banco o la financiera suele pasar el recibo a finales de mes o a principios del siguiente, para que el cobro llegue por las mismas fechas en las que el cliente cobra su nómina. Es importante remarcar que esta modalidad de pago también supone un aplazamiento, ya que el importe de las compras no se descuenta al momento, sino que se acumula y se paga de golpe en una fecha concreta. Eso sí, a diferencia de lo que ocurre con el pago fraccionado, el pago total no genera intereses a favor del banco, es decir, es gratis. Todos los gastos quedan detallados en el extracto mensual de la tarjeta de crédito, por lo que aunque el total se pague de una sola vez, el cliente puede consultar todos los gastos que ha hecho durante el mes. Llegados a este punto, es importante remarcar que hay que conocer qué día pasa el banco el recibo, ya que habrá que prever tener el dinero suficiente en la cuenta para esa fecha. En el caso de no poder abonar el cargo en la fecha estipulada, no solo se seguiría debiendo el dinero utilizado, sino que además empezarían a acumularse intereses de demora y probablemente se tendría que hacer frente a una comisión de unos 30 o 35 euros para compensar los gastos administrativos en los que haya incurrido la entidad para gestionar la reclamación.

Además de incorporar varias modalidades de pago, algo que las diferencia sustancialmente de las prepago y de las de débito, los bancos son propensos a incluir en este tipo de plásticos otro tipo de ventajas adicionales que no siempre incorporan en el resto de los medios de pago como descuentos al repostar carburante o seguros gratuitos, algo muy habitual. También hay algunas tarjetas con devolución de compras, que bonifican las compras que se abonen con el plástico.

Tarjetas de débito:

A diferencia de las de crédito, las tarjetas de débito no utilizan el dinero que le presta el banco al cliente, es decir, el crédito, sino que solo tienen acceso al dinero que ya posee el titular, o sea, el que tiene registrado en la cuenta corriente asociada. Este tipo de tarjetas, en el momento de realizar una compra o de sacar dinero en un cajero, cargan directamente el saldo dispuesto en la cuenta del cliente y se lo descuentan inmediatamente. Solo permiten utilizar el dinero que hay en la cuenta vinculada, aunque en ocasiones el banco puede autorizar la disposición de dinero a cuenta de un descubierto, con los consiguientes intereses que se deberán abonar. He aquí la principal diferencia con las tarjetas de crédito: mientras que estas están ligadas a una línea de crédito y permiten a su titular utilizar unos fondos que no son suyos, con las tarjetas de débito el cliente solo puede gastar su propio dinero. En este sentido, son más seguras ya que no permiten al cliente endeudarse al no poder tomar prestado un dinero que no es suyo.

La principal función de las tarjetas de débito es abonar el importe de las compras que se hagan en las tiendas prescindiendo del efectivo, ya sea en comercios online o en tiendas a pie de calle, así como sacar dinero de la cuenta corriente asociada a medida que se vaya necesitando mediante un cajero automático. Cuentan con la ventaja de que, generalmente, las tarjetas de débito emitidas en España pueden usarse en cualquier rincón del globo, tanto para sacar dinero de un cajero como para pagar una compra, aunque no olvidemos que pueden cobrarnos comisiones por utilizar cajeros de fuera de España o por realizar compras en otra divisa. Sin embargo, puede darse el caso de que algunas tarjetas no funcionen en ciertos países o de que haya comercios que no acepten a ciertos proveedores.

Las tarjetas de débito son una buena herramienta para controlar los gastos y no exceder nuestra capacidad de consumo, puesto que solo nos permitirán usar el dinero que tengamos en la cuenta corriente que hayamos asociado. Así, no tendremos posibilidades de endeudarnos, salvo en contadas ocasiones en las que la entidad admita descubiertos. Al utilizar estas tarjetas, no tendremos que abonar intereses y podremos sacar dinero gratis de los cajeros automáticos del propio banco o de los de aquellas entidades con las que el banco haya llegado a un acuerdo previo. Antes de aceptar una tarjeta de débito, debemos fijarnos en los posibles gastos que pueda acarrearnos y en el precio de los diferentes servicios (mantenimiento y renovación, pagos en otras divisas, etc.).

En el contrato deben aparecer recogidos los precios de los servicios asociados a las tarjetas más habituales (renovación, emisión, disposición de efectivo, etc.). Además, las tarifas estándar también pueden consultarse en el libro de tarifas que cada banco publica en su página web. Es importante, antes de firmar el contrato de una tarjeta, entender tanto su funcionamiento como las comisiones que nos pueden llegar a cobrar por ella y no aceptarlo sin solucionar antes cualquier duda que nos surja. Si nos surgen preguntas, podemos recurrir al SAC de la entidad o a una oficina. 

Tarjetas prepago:

A pesar de que las tarjetas prepago no han tenido la aceptación ni tampoco la promoción de la que sí han disfrutado las tarjetas de crédito y las de débito, es justo señalar que han conseguido labrarse un hueco en el mercado y han calado, sobre todo, entre los consumidores acostumbrados a realizar compras a través de Internet y, recientemente, también entre los padres que quieren darles a sus hijos menores de edad una tarjeta, pero sin perder el control sobre el gasto que realizan.

¿Cómo funcionan las tarjetas prepago? Este tipo de tarjetas funcionan como un monedero con el saldo que en cada momento desee tener su titular, sin ningún tipo de vinculación con el resto de las cuentas del cliente. A diferencia de las tarjetas de débito, que están ligadas a una cuenta y permiten disponer del dinero que haya en esta hasta que se agote, y de las tarjetas de crédito, que permiten a su titular hacer uso de unos fondos que no son propiamente suyos, sino del banco que ha concedido la línea crediticia asociada, las tarjetas prepago son independientes y requieren una recarga previa a su utilización. Es decir, que su titular debe recargar la tarjeta prepago con el dinero que vaya a disponer antes de poder usarla y, precisamente, su utilización está limitada al saldo que se haya cargado previamente. Una vez gastado, la tarjeta queda a cero y no puede volver a utilizarse hasta que se haya cargado de nuevo. Es importante remarcar que el dinero que se utilice se descuenta al momento del saldo de la tarjeta.

El triunfo de las tarjetas prepago se debe, precisamente, al hecho de que como no están asociadas con una cuenta bancaria son más seguras que el resto de las tarjetas, ya que su uso está limitado al dinero que previamente haya depositado su titular y muchas veces en este tipo de plásticos se carga el dinero justo que se va a utilizar en cada compra, por lo que es probable que en muchas ocasiones la tarjeta esté a cero. Pero, incluso, si la tarjeta tuviese saldo y se llegase a perder o la robasen, las consecuencias no serían dramáticas, ya que si un tercero intentase utilizarla de forma fraudulenta como mucho podría gastar el dinero que haya en ella y no vaciar ninguna cuenta corriente.

Sin embargo, además de la seguridad, las tarjetas prepago tienen más ventajas. Por un lado, muchos clientes valoran el anonimato que ofrecen estos "plásticos", puesto que en muchas ocasiones no están ligados a ningún titular en concreto, sino que son al portador. Por otra parte, permiten controlar muy de cerca el gasto realizado, ya que solo podremos disponer del dinero que hayamos cargado previamente. De ahí que muchos padres se lo planteen como una opción para sus hijos, ya que así evitan que lleven dinero en efectivo encima y pueden saber lo que gastan y en qué lo hacen, ya que son ellos los que depositan el dinero en la tarjeta y los cotitulares de la misma.

Por otra parte, las tarjetas prepago han vivido su particular boom como objeto de regalo. Cada vez hay más establecimientos comerciales que ofrecen a sus clientes la posibilidad de comprar este tipo de tarjetas y cargarlas con el dinero que quieran, por ejemplo con 50 euros, para que se la regalen a un amigo o familiar. Después, la persona que tenga la tarjeta en su poder tiene la oportunidad de ir al establecimiento asociado al plástico y gastar el dinero que hay en la tarjeta en una o varias compras.

¿Se pueden conseguir tarjetas sin cuotas?

Como ocurre con cualquier otro servicio o producto bancario, el coste de las tarjetas dependerá de la entidad que las emita y del propio plástico. Debemos entender que para un banco o una financiera, la emisión de una tarjeta, así como su mantenimiento anual, supone un gasto al que debe hacer frente; primero, por los costes administrativos en los que incurre tanto en el momento de la emisión (análisis de la solicitud del cliente, estudio de solvencia...) como durante el transcurso del año (emisión de extractos, comunicaciones con el cliente...) y, segundo, por los gastos de fabricación y estampación. Sin embargo, aunque a una entidad la concesión de una tarjeta, sea de crédito o de débito, le suponga un gasto, esto no significa que siempre lo repercuta al cliente. De esta manera, es posible conseguir tarjetas totalmente gratis, tanto en bancos como en financieras, mientras que en otras entidades pueden costar varias decenas de euros al año. Cabe remarcar que entre las entidades que conceden tarjetas gratuitas, algunas no exigen ningún tipo de requisito mientras que otras, para librar al cliente de comisiones, piden que se realice un consumo mínimo anual con ellas.

Además de las cuotas de emisión y de mantenimiento, que pueden esquivarse con relativa facilidad, en torno a las tarjetas planean toda una serie de costes extra que influirán sobre el precio final de los plásticos y que se tienen que tener en cuenta para que el medio de pago acabe saliendo a cuenta. Varios ejemplos: una tarjeta puede ser gratuita, pero si se solicita un estampado personalizado, por ejemplo la incrustación de una fotografía personal sobre el anverso de la tarjeta, es probable que la entidad cobre una comisión por ello. El tipo de operaciones que se vaya a realizar con las tarjetas también afectará al coste final. Si se quiere sacar dinero de muchos cajeros y la tarjeta no lo permite, se tendrá que pagar cuando se acceda a los terminales que el banco no cubra. Si se realiza una extracción de efectivo a crédito, también se tendrá que pagar. De ahí que sea de suma importancia, primero, conocer el tipo de operaciones que querremos hacer con la tarjeta y nuestras necesidades (necesitamos una tarjeta como medio de financiación o solo queremos un plástico para pagar a débito, queremos tener a nuestra disposición miles de cajeros o, por el contrario, apenas acudimos a ellos y nos conformamos con pocos, etc.) y, segundo, comparar los costes de cada medio de pago y encontrar uno que se adapte a nuestras necesidades y perfil.

Debido al aumento de la competencia y a la elevada oferta de tarjetas que hay actualmente en el mercado, cada vez es más sencillo contratar plásticos de todas las modalidades (débito, crédito y prepago) sin cuotas de emisión y sin comisiones de mantenimiento o, lo que es lo mismo, gratis. Una noticia interesante para los consumidores de a pie, sobre todo en los relativo a las tarjetas de crédito, típicamente el medio de pago más caro. Pero las buenas noticias no terminan ahí. No hace falta conformarse con una tarjeta gratis; ahora, gracias a la multiplicación de la oferta, se pueden encontrar plásticos con ventajas exclusivas cuyo objetivo es diferenciarse del resto de las tarjetas disponibles del mercado. Hablamos de bonificaciones sobre las compras, de descuentos en gasolineras y en otro tipo de comercios, de tipos de interés bajos en el caso de las tarjetas de crédito, etc.

Para poder acceder a este tipo de tarjetas gratuitas en ocasiones la entidad exigirá que cumplamos toda una serie de requisitos de vinculación como, por ejemplo, domiciliar una nómina, varios recibos o realizar un gasto mínimo con el "plástico" cada año. En otros casos, podremos contratar tarjetas sin necesidad de cumplir ningún requisito de vinculación e, igualmente, con muchas ventajas extra. Las tarjetas sin nómina nos permitirán disfrutar de las mejores ventajas sin necesidad de pagar ni de "atarnos" con una entidad.

Operaciones más habituales de los 'plásticos'

Son muchas las operaciones que se pueden llevar a cabo con las tarjetas. Sin duda, las dos operaciones más típicas que se pueden hacer con las tarjetas es ir a un cajero automático y sacar dinero y comprar un bien o servicio y aplazar su pago. Sin embargo, hay más operaciones disponibles, pero no todas las tarjetas permiten realizar las mismas funciones. Las tarjetas de débito y las prepago comparten más funciones, pero las de crédito tienen utilidades distintas. A continuación, las principales funciones que tienen las tarjetas:

  • Abonar compras en comercios, tanto a pie de calle como en tiendas online

La principal función de las tarjetas es sustituir al efectivo a la hora de pagar las compras, tanto en las tiendas a pie de calle como en los comercios virtuales. Eso sí, en función del tipo de tarjeta (crédito, débito o prepago), la modalidad de pago será una u otra. Al poder prescindir del efectivo, los usuarios ganan seguridad, ya que pueden desplazarse sin dinero encima, y ganan comodidad, ya que no tienen que preocuparse por el metálico ni buscar un cajero cada vez que necesitan realizar una compra. Como ya hemos mencionado, no todas las tarjetas permiten pagar de la misma manera. Así, mientras que las tarjetas de débito descuentan el dinero de la cuenta corriente asociada inmediatamente y solo permiten gastar el capital que el cliente tenga disponible en ese momento, las de crédito son un método de financiación y dan acceso a un dinero que no es propiedad del titular del plástico, sino del banco o de la financiera. Es importante señalar que durante los últimos años el pago con tarjeta ha evolucionado considerablemente y las últimas innovaciones tecnológicas han llegado al sector, por lo que ahora se pueden pagar compras con el móvil o simplemente acercando la tarjeta al datáfono, sin necesidad de deslizar la banda magnética, gracias a las tarjetas contactless.

  • Sacar dinero en cajeros automáticos

Además de pagar las compras en los comercios, otra de las funciones más habituales de las tarjetas es sacar dinero de los cajeros automáticos. Se trata de una acción muy habitual, sobre todo porque en España hay varias decenas de miles de cajeros a los que se puede acceder con cualquier tarjeta. No obstante, los plásticos más habituales para sacar dinero son los de débito, ya que permiten realizar esta operación sin coste alguno, siempre y cuando se acuda a los terminales del banco emisor de la tarjeta o a los de aquellos bancos con los que haya llegado a algún acuerdo. Por el contrario, si se saca dinero a débito de cualquier otro cajero, se tendrá que hacer frente a una comisión que dentro de España podrá subir hasta los dos euros, en función del banco del que seamos clientes y de la entidad que sea propietaria del cajero automático. Si en lugar de una de débito se utiliza una tarjeta de crédito, además de la comisión anterior si se recurre a un cajero ajeno a la entidad, se tendrá que hacer frente siempre a una comisión extra por retirar efectivo a crédito. En cualquier caso, ambos tipos de tarjetas nos permitirán sacar dinero en la mayoría de los cajeros del mundo en caso de necesidad, sea gratis o con coste.

  • Realizar transferencias de la línea de crédito a la cuenta corriente

Esta operación solo puede realizarse con una tarjeta de crédito, ya que son las únicas que están vinculadas a unos fondos ajenos al cliente, es decir, a una línea de crédito. El titular puede acceder a los fondos de la línea de crédito y o bien gastarlos al pagar con la tarjeta, o bien extraerlos por el cajero automático o bien realizar una transferencia a su cuenta corriente. Eso sí, no olvidemos que al utilizar la línea de crédito estaremos asumiendo una deuda cuyo importe deberemos devolver junto con los intereses devengados. Además de los intereses, seguramente la tarjeta de crédito lleve asociada una comisión por esta operación que también se deberá abonar. Cabe recordar que el importe máximo que podremos retirar de la línea de crédito será igual a su importe máximo y variará en función de cuáles sean nuestros ingresos.

  • Pagar recibos, recargar el saldo del móvil, etc.

Antes de realizar una operación, sobre todo si es a crédito, debemos conocer los costes que nos acarreará (comisiones, intereses, etc.) y valorar si nos sale a cuenta y si nuestra situación nos permite hacerles frente. Si, por ejemplo, vamos a realizar una compra a crédito, debemos previamente calcular cuánto dinero podremos devolver cada mes y a cuánto ascenderá el coste final de la operación. Otro caso: si vamos a sacar dinero con nuestra tarjeta de un cajero situado fuera de España, debemos valorar también el coste de la operación para que nos salga a cuenta.

5 ventajas que ofrecen las tarjetas

Más allá de la comodidad que ofrecen las tarjetas, al permitirnos prescindir del dinero en efectivo, y de las distintas modalidades de pago que las acompañan, que se adecuan a las diferentes necesidades de los clientes, la realidad es que estos medios de pago suelen incluir muchas otras ventajas que no todos los españoles conocen, pero que pueden ayudarnos a ahorrar varias decenas de euros al año. También pueden sernos muy útiles en el caso de viajar al extranjero, ya que muchas tarjetas, sobre todo las de crédito, incluyen seguros gratis que cubren contingencias como la pérdida del equipaje o un accidente en otro país. Es importante remarcar que no existe un paquete de ventajas estándar y que cada banco o financiera puede incluir los extras que considere oportunos en sus tarjetas, pero podríamos decir que las siguientes cinco ventajas son las más habituales y fáciles de encontrar en el mercado.

  • Tarjetas sin cuotas: es una de las ventajas más valoradas por los clientes que no quieren seguir pagando por la emisión y la tenencia de los "plásticos". Cada vez son más las entidades de crédito y las financieras que comercializan tarjetas sin cuotas de emisión y de renovación, es decir, tarjetas gratis año tras año, por lo que ya no hace falta seguir pagando por ellas. En ocasiones, para librarse de la comisión de mantenimiento se tendrá que cumplir algún requisito como, por ejemplo, realizar un gasto mínimo anual en compras, mientras que en otros casos la entidad no impondrá ninguna condición para que sus clientes puedan disfrutar de sus tarjetas gratis. Afortunadamente, se trata de una de las ventajas más fáciles de conseguir, por lo que si necesitamos una tarjeta de crédito o de débito, no debería ser complicado encontrar una que esté libre de costes.

  • Compras bonificadas: como gancho para captar a nuevos clientes y premiar su fidelidad, cada vez son más las entidades que bonifican las compras de sus clientes, es decir, que les devuelven un tanto por ciento de las compras que hayan realizado con la tarjeta en cuestión. La bonificación puede ser de hasta el 5 %. No obstante, en función del banco la devolución se aplicará sobre todas las compras o solo sobre las que se realicen en una serie de comercios o marcas concretas. Asimismo, dependiendo del banco el importe de la devolución puede variar según las compras que se hagan, siendo por ejemplo del 1 % para ciertas compras y del 3 % para otras. Es importante resaltar que, por lo general, estas ventajas están reservadas a las tarjetas de crédito y no suelen estar presentes en las de débito y menos aún en las prepago, aunque puede haber excepciones. Antes de dejarse seducir por esta ventaja es importante averiguar sobre qué compras se aplican las devoluciones (comercios, marcas, etc.) y si solo computan las compras pagadas a plazos, algo relativamente habitual. En general, los intereses a deber por las compras aplazadas siempre serán superiores a la bonificación, por lo que no deberíamos dejarnos cegar por este tipo de ventajas sin ver antes sus inconvenientes. Eso sí, si necesitamos financiar una compra, hacerlo con una tarjeta que aplique una bonificación puede acabar resultando muy barato, ya que si se resta el importe de la devolución a los intereses pagados, el TIN final será más bajo.

  • Descuentos en gasolineras: sin duda, se trata de una de las ventajas más valoradas por los conductores y también de una de las más explotadas por los bancos. Cada vez son más las entidades que ofrecen a sus clientes descuentos en carburante al utilizar sus tarjetas, ya sean de crédito o de débito. El ahorro puede ser incluso de más del 3 % sobre el importe del repostaje. Sin embargo, no todo son ventajas: los descuentos no se aplican sobre todas las gasolineras de España, sino que cada banco tiene acuerdos con una serie de marcas y sus tarjetas solo aplican los descuentos en unas estaciones de servicios específicas. Las gasolineras más típicas que se suman a este tipo de promociones gracias a los acuerdos a los que llegan con los proveedores de tarjetas son Repsol, Campsa y Petronor, Galp, Shell, Cepsa y BP. Aunque este tipo de descuentos puedan resultar muy atractivos, antes de utilizar las tarjetas en las estaciones de servicio adheridas a la promoción, vale la pena analizar el coste final del repostaje y si no sería más barato repostar en otra gasolinera en la que no se aplicase el descuento, pero que sus precios fuesen más económicos, como las low cost.

  • Descuentos en compras: si bien las promociones en gasolineras son habituales, las ventajas no se quedan ahí. La mayoría de los bancos han extendido los descuentos más allá de los repostajes en las estaciones de servicio y ofrecen un ahorro en forma de rebaja sobre las compras realizadas en muchos otros sectores; desde marcas de alimentación hasta agencias de viajes, tiendas de alimentación o grandes plataformas como Amazon. Cada vez son más las entidades que incluyen en sus tarjetas, tanto de crédito como de débito, programas de descuentos para ahorrar en compras realizadas en tiendas físicas y online. Se puede ahorrar en marcas de renombre como Amazon, Starbucks o Springfield y los descuentos pueden llegar a ser muy atractivos. Si estamos interesados en beneficiarnos de los programas de descuentos que ponen al servicio de sus clientes los bancos y las financieras, debemos conocer las condiciones particulares de cada descuento (importe mínimo de la compra, vigencia de la oferta, si es un descuento directo sobre el precio o una devolución de una parte del importe abonado, etc.).

  • Seguros incluidos sin coste extra: a pesar de que es una de las ventajas menos promocionadas de las tarjetas y, por lo tanto, menos populares, es una de las más típicas y que comparten la mayoría de los plásticos. Casi todas las tarjetas, sobre todo las de crédito, incoporan pólizas sin ningún coste para el titular que pueden serle muy beneficiosas en ciertas situaciones como, por ejemplo, en caso de uso fraudulento de la tarjeta de crédito o de tener un accidente en un viaje. De hecho, los seguros más habituales son los accidentes en el extranjero, asistencia en viajes y antifraude, aunque también se pueden incluir otros como pólizas de extensión de garantía de los productos comprados con el plástico. Aunque para muchos sea una ventaja desconocida, pueden ser muy útiles, así que cuando contratamos una tarjeta no está de más pedirle a la empresa que nos remita una copia de la póliza o pólizas incluidas, para ver sus características, sus coberturas y qué hacer en caso de necesitarlas. 

En cualquier caso, por muchas ventajas que puedan tener las tarjetas, tenemos que fijarnos igualmente en las otras condiciones que hacen atractivo un producto como este. A saber: las comisiones que hay que pagar por usarlas, el límite de crédito que incorporan, el tipo de interés de las compras pagadas a plazo, el número de cajeros a los que se puede acceder sin pagar ninguna comisión, los requisitos de acceso, etc. Antes de escoger una tarjeta de crédito, débito o prepago debemos repasar a fondo el contrato y comparar todos sus puntos, tanto los requisitos como las ventajas, para saber si es el producto que nos interesa.

¿Cuáles son las comisiones más típicas de las tarjetas?

Tal y como ocurre con el resto de los productos financieros, las tarjetas también pueden venir acompañadas de comisiones que dependerán de la operativa que se haga con ellas y de quién sea el emisor de la tarjeta. Mientras algunas entidades libran a sus clientes de las principales comisiones asociadas a estos medios de pago, otras cobran varias decenas de euros al año por ellas. Antes de aceptar una tarjeta, independientemente de su modalidad, debemos leer el contrato y, especialmente, el apartado relativo a las comisiones asociadas, donde podremos entender qué gastos incluye la tarjeta y a cuánto ascienden. A continuación, las seis comisiones más frecuentas relacionadas los "plásticos":

  • Comisión de emisión: es la tarifa que aplican los bancos y las financieras por la emisión de una tarjeta. Se trata de una cuota única que se abona en el momento de la concesión y no se debe confundir con la comisión de mantenimiento que aplican las entidades cada cierto tiempo. Su cargo responde a los costes en los que incurre la entidad por la fabricación y la estampación de la tarjeta, así como por los esfuerzos administrativos que supone la gestión de la solicitud y su análisis, sobre todo si se trata de una tarjeta de crédito que requiere un estudio en profundidad del historial y de la solvencia del cliente. Además, el importe de la cuota de emisión también suele estar condicionado a las ventajas que ofrece la tarjeta (seguros gratuitos incluidos, descuentos en comercios, bonificación de las compras, acceso a salas VIP de aeropuertos...) así como a sus características financieras (importe de la línea de crédito...). Por lo general, esta comisión es fácil de evitar, ya que son muchas las entidades que ofrecen este servicio de forma gratuita a los clientes interesados en una tarjeta, aunque a veces esa gratuidad se traduce en la aceptación de una serie de términos relativos a la vinculación que se deberán valorar previamente.

  • Cuota de mantenimiento: es el precio que paga el cliente por tener la tarjeta operativa año tras año. La cuota de mantenimiento se puede abonar trimestral, semestral o anualmente, en función de las condiciones que imponga el banco o la financiera en la que contratemos nuestra tarjeta. El importe de la comisión de renovación también dependerá del proveedor del plástico, aunque hay una norma que suele repertirse: las cuotas de las tarjetas de crédito son más caras que las cuotas de las de débito o prepago. Lo bueno es que hay muchas entidades que no la aplican; a veces eximen de esta cuota a todos sus clientes y otras veces solo a aquellos que están vinculados o que realizan un consumo mínimo anual con la tarjeta. 

  • Comisión por solicitar una tarjeta extra: es el precio que cobran las entidades por emitir una nueva tarjeta asociada a una misma cuenta. Aunque no todos los bancos la aplican, es más o menos habitual. Las tarjetas extra se solicitan básicamente cuando hay más de un titular en una cuenta y cada uno quiere su propio plástico o cuando una cuenta tiene algún autorizado. Así que antes de solicitarla, vale la pena consultar en el libro de tarifas o en el contrato su coste, o preguntar directamente en la entidad.

  • Comisión por duplicado de la tarjeta: en el hipotetico caso de que perdamos nuestra tarjeta o de que se estropee, ya sea porque la hemos roto, porque se ha deteriorado por el contacto con algún líquido o porque ha dejado de funcionar a causa de un imán, nos veremos obligados a solicitar una tarjeta nueva a nuestra entidad. Algunos bancos permiten solicitar un duplicado de una tarjeta sin coste, pero otros obligan al cliente a abonar una comisión por esta gestión.

  • Comisión por retirada de efectivo en cajeros a débito: es la tasa que nos cobra el banco por sacar dinero con una tarjeta de débito en un cajero automático. En general, todos los bancos ofrecen a sus clientes la posibilidad de sacar dinero gratis de su parque de cajeros sin coste alguno. La diferencia es que algunos bancos tienen un centenar de terminales y otros varios miles. En ocasiones, el banco puede dejarnos utilizar los cajeros de otros bancos a coste cero o pagando una comisión inferior a la que se pagaría de "nomal" porque ambas entidades han llegado a un acuerdo o porque nuestro banco ha decidido no repercutirnos la comisión que le cargue el propietario de la máquina. En cualquier caso, debemos tener claro que el banco propietario del terminal es el que fija la comisión, pero no nos la cobra a nosotros directamente, sino que se la traslada a nuestro banco y este es el que decide si la asume él o nos la repercute a nosotros.

  • Comisión por retirada de efectivo en cajero a crédito: a diferencia de las retiradas de efectivo a débito, sacar dinero a crédito siempre implica pagar comisiones, ya que lo que se hace en realidad es asumir una deuda al retirar efectivo de la línea de crédito asociada a la tarjeta. Por un lado, se tendrá que pagar la comisión por utilizar la tarjeta de crédito para realizar esta operación; por el otro, se tendrá que abonar la comisión oportuna por usar el cajero si se recurre a un terminal ajeno a la entidad; y, por último, el interés ordinario aplicado a los fondos dispuestos de la línea de crédito.

Las comisiones anteriores son las más habituales y suelen afectar por igual a las de crédito y a las de débito, pero hay otros gastos que no deberíamos pasar por alto. Por ejemplo, algunas tarjetas prepago pueden aplicar una comisión por cada recarga de saldo que se haga o las tarjetas de crédito, si se utilizan con la modalidad de pago aplazado, generarán intereses a favor del banco o de la financiera que se deberán abonar en el plazo acordado. Y si se hace una transferencia de la línea de crédito a la cuenta corriente, además de intereses, también habrá que pagar una comisión por realizar la operación.

Sea cual sea la tarjeta que contratemos, debemos siempre analizar las comisiones que podría llegar a cobrarnos el banco o la financiera que emite el plástico, leer el contrato atentamente y, si hace falta, solucionar cualquier duda con el emisor de tarjetas. Sin embargo, hoy en día es posible encontrar tarjetas sin comisiones, es decir, gratuitas, sobre todo si se domicilia la nómina en el banco que nos la concede.

¿Cómo escoger una tarjeta?

Elegir entre un tipo de tarjeta u otro no siempre es fácil. A veces, podemos dejarnos tentar por "plásticos" que parecen muy atractivos por sus ventajas, pero que a la larga nos van a salir caros o que, simplemente, no van a suplir nuestras necesidades. Antes de contratar una tarjeta, debemos estudiar atentamente sus costes y las funciones que ofrece. Para comprender qué tipo de tarjeta es la que mejor nos va a ir, si una de crédito, una de débito o una prepago, podemos hacernos cinco preguntas que nos ayudarán a encontrar la respuesta:

  • ¿Para qué necesitamos la tarjeta? ¿Qué uso le vamos a dar? ¿La queremos para financiar las compras y poder hacer frente a grandes gastos, la necesitamos para comprar por Internet o simplememnte queremos un sustituto del efectivo?

  • ¿Tenemos un buen historial de crédito? ¿Pagamos puntualmente nuestras deudas o a veces nos retrasamos? ¿Estamos incluidos en algún fichero de morosos por un impago? Si nuestro historial crediticio no está limpio y si estamos en ASNEF, no podremos solicitar tarjetas de crédito.

  • ¿Viajamos habitualmente? ¿Solemos sacar dinero de cajeros situados en el extranjero o realizamos compras en otras divisas? ¿Solemos adquirir seguros a la hora de viajar? 

  • ¿Qué tipo de ventajas pretendemos conseguir? ¿Conducimos habitualmente y queremos descuentos al repostar carburante, preferimos la devolución de una parte de las compras, queremos tarjetas con programa de puntos...?

  • ¿Nuestra intención es aplazar el pago de las compras que hagamos con la tarjeta o bien utilizarlas para sacar dinero prestado al momento de un cajero automático cuando lo necesitemos?

Dónde contratar tarjetas de crédito, débito o prepago

Si queremos contratar una tarjeta de débito, tendremos que acudir a un banco. Este tipo de tarjetas están conectadas directamente con una cuenta corriente abierta en la misma entidad y sólo los bancos tienen la potestad de abrir cuentas a la vista. Sin embargo, las tarjetas de crédito pueden comercializarlas tanto los bancos como las financieras, ya que en ocasiones pueden asociarse a una cuenta corriente en otra entidad. En lo que respecta a las tarjetas prepago, estas tampoco son exclusivas de los bancos, sino que pueden encontrarse también en empresas de medios de pago, financieras. etc.

Gracias a la digitalización que ha vivido el sector durante los últimos años, ahora ya no hace falta desplazarse hasta una sucursal para solicitar una tarjeta nueva. Cada vez es más habitual solicitar nuevos "plásticos" a través de Internet. De hecho,en algunos casos es imprescindible, sobre todo en la banca online y en las financieras, que no tienen apenas presencia física. Los clientes de un banco acostumbran a poder pedir tarjetas nuevas a través de su banca a distancia y también es posible contratar nuevos "plásticos" por Internet en entidades con las que no se tiene una relación previa, sobre todo cuando se trata de tarjetas sin cambiar de banco.

Si la solicitud se hace de forma presencial en una oficina, probablemente nos den a escoger entre recibir el "plástico" en nuestro domicilio o ir a recogerlo a la sucursal. Por el contrario, si se trata de una entidad online, sin apenas oficinas, la única opción será recibir la tarjeta por correo postal. El plazo de recepción puede demorarse hasta un par de semanas, dependiendo de la entidad emisora. Una vez recibida, tendremos que seguir las instrucciones del banco o financiera para activarla. Este proceso suele ser muy sencillo y basta con entrar en la web del emisor, llamar por teléfono o acudir a un cajero a darla de alta.

¿Solo las entidades financieras emiten tarjetas?

No solo se pueden conseguir tarjetas en las entidades de crédito, desde hace años es muy habitual que los grandes almacenes y las cadenas comerciales también las ofrezcan a sus cliente con el fin de fidelizarlos y premiarlos de alguna manera cada vez que realizan compras en sus establecimientos. Por lo general, se trata de plásticos sin ningún tipo de función financiera, sino que simplemente sirven para acumular puntos, sumar descuentos o aplicar bonificaciones sobre las compras que se hagan en la tienda.

Por lo que si somos clientes habituales de alguna marca, por ejemplo, de una cadena de supermercados, podemos conseguir descuentos o ahorrar en nuestras compras cada vez que enseñamos la tarjeta. Cabe destacar que este tipo de plásticos siempre son gratuitos y no suponen ningún coste para el cliente. Además, estas tarjetas por lo general solo pueden utilizarse en los establecimientos de la marca que las ha emitido, por ejemplo, en una red de supermercados o en las gasolineras de una misma marca.

Algunos comercios han firmado acuerdos con financieras o incluso han creado sus propias financieras para convertir sus tarjetas de fidelización en medios de pago. Con ellas, no solo se accede a las ventajas del comercio, sino que además se pueden pagar las compras a crédito, por lo general con bonificaciones o descuentos. Si optamos por utilizarlas para aplazar el pago de las compras es importante conocer antes el tipo de interés que aplican, las posibles comisiones y las cuotas resultantes de la operación.

Tarjeta de crédito o de débito: ¿cuál escoger?

Con todo lo anterior ya deberíamos saber la diferencia entre una tarjeta de crédito y una de débito y sobre las funcionalidades que incorpora cada una. No obstante, si aún no tenemos claro cuál de los dos tipos principales nos interesa más, si una tarjeta de crédito o una de débito, podemos preguntarnos lo siguiente:

  1. ¿Tenemos intención de aplazar el pago de las compras? Si la respuesta es que sí, entonces tendremos que contratar una tarjeta de crédito, ya que son los únicos plásticos que admiten la modalidad de pago aplazado. Las tarjetas de débito y las prepago cargan al instante el importe gastado, mientras que las tarjetas de crédito permiten fraccionar su devolución, eso sí, a cambio de pagar intereses de aplazamiento.

  2. ¿Preferimos que el saldo dispuesto se nos descuente al momento o todo de golpe a final de mes? Si no queremos financiar nuestras compras, pero nos resulta más cómodo que todo el dinero que hayamos gastado se nos descuente a final de mes, tendremos que decantarnos por una tarjeta de crédito con pago total a fin de mes. Esta modalidad de pago no incluye intereses, pero requerirá que en la fecha en la que la entidad pase el recibo tengamos el dinero suficiente. Si, por el contrario, preferimos que el dinero gastado se descuente de la cuenta en el momento en el que se utilice y que se registren todos los gastos realizados en la cuenta a medida que se vayan haciendo, necesitaremos una tarjeta de débito.

  3. ¿Tenemos capacidad para asumir deudas? Si nuestra capacidad de endeudamiento es nula, bien porque apenas contamos con ingresos y no tenemos ahorros bien porque ya estamos muy endeudados y no podemos asumir pasivos nuevos, lo mejor será decantarnos por una tarjeta de débito que no nos permitirá asumir más deudas. No olvidemos que en el momento en el que pasamos una tarjeta de crédito por un datáfono, estamos asumiendo un compromiso de pago futuro, ya que el capital que utilizamos no nos pertenece, incluso si la modalidad de pago activada es la de pago a fin de mes. O sea que todo el dinero gastado a crédito se tendrá que devolver en un momento u otro, ya sea de golpe a final de mes sin intereses o en cuotas mensuales con intereses.

  4. ¿Somos capaces de gestionar correctamente nuestras finanzas? Utilizar una tarjeta de crédito implica endeudarse, por lo que si echamos mano de estas tarjetas tendremos que prever que podremos devolver el saldo dispuesto en la fecha pactada, ya sea en cuotas periódicas o a final de mes. Por lo tanto, para usar estos plásticos tendremos que ser responsables y previsores, mientras que con las tarjetas de débito solo podremos uar el dinero que tengamos, por lo que no tendrán el mismo riesgo. 

Las tarjetas de crédito también incluyen más descuentos y seguros gratuitos que las tarjetas de débito. Sin embargo, si no controlamos bien nuestros gastos, no es una buena idea contratar una tarjeta de crédito . En cambio, las tarjetas de débito son mucho más seguras si no se nos da bien planificar nuestras finanzas . Con estas tarjetas podemos realizar todo tipo de compras aunque no tengamos dinero encima, pero no podremos financiarlas. Asimismo, las tarjetas de crédito pueden ser ventajosas por todos los descuentos, promociones, regalos o seguros de los que podemos beneficiarnos.

Si todavía tenemos alguna duda sobre qué tipo de tarjeta nos puede ir mejor, podemos descargarnos la guía gratuita de HelpMyCash '¿Qué tarjeta te conviene más? El test de las 9 preguntas?'. Gracias a esta útil herramienta aprenderemos qué tipos de tarjetas bancarias existen, cuánto cuesta pagar a plazos y en qué aspectos debemos fijarnos para elegir la tarjeta que más nos conviene.


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¿Qué ventajas e inconvenientes tienen las tarjetas 'revolving'?

Cuando hablamos de tarjetas revolving nos referimos a los "plásticos" pensados para aplazar el pago de las compras. Están diseñadas para financiar las compras y asociadas a una línea de crédito que se irá agotando o reponiendo a medida que vayamos gastando y devolviendo el saldo dispuesto. Utilizar este tipo de tarjetas implica abonar intereses por las compras realizadas, independientemente de si se escoge la opción de pagar una cuota fija cada mes o de devolver un tanto por ciento de la deuda mensualmente.

La diferencia principal entre las tarjetas de crédito de toda la vida y un plástico de tipo revolving es que con las primeras tenemos la opción tanto de pagar las compras en cómodas cuotas como de abonar todo el saldo dispuesto de golpe a final de mes sin pagar intereses. Por el contrario, las tarjetas revolving solo ofrecen la posibilidad de fraccionar la devolución de los importes gastados, es decir que cuando se usan siempre generan intereses.

Antes de utilizar los plásticos revolving es importante conocer todos los riesgos que entraña su uso: por un lado, al ser una especie de "préstamo recargable" pueden incentivar el consumo y acabar propiciando el sobrendeudamiento del titular, es decir, consumir por encima de nuestras posibilidades; por el otro, si la deuda se devuelve muy lentamente y en un plazo muy largo, las cuotas serán cómodas, pero el importe pagado al final del plazo será considerablemente mayor que el saldo dispuesto debido a los intereses. Además, debemos tener en cuenta que los intereses de una tarjeta revolving pueden ser hasta 4 veces más altos que los de un préstamo personal.

Tecnología sin contacto o 'contactless'

La innovación tecnológica ha renovado el sector de los medios de pago con la inclusión de multitud de nuevas funcionalidades y gadgets. Una de las novedades que mejor recepción ha tenido entre los usuarios ha sido la tecnología contactless, que ofrece a los clientes la posibilidad de abonar sus compras únicamente acercando la tarjeta a la superficie del datáfono, sin necesidad de deslizar la banca magnética por el TPV ni de meter la tarjeta para que la máquina lea el chip. Pero las ventajas no terminan ahí: a la comodidad que supone no tener que introducir las tarjetas en el datáfono se suma el hecho de que para las compras de menos de 20 euros no es necesario teclear el PIN, por lo que la rapidez está garantizada. Esta última característica se puede modificar cambiando el límite a partir del cual se solicitará la contraseña o indicando a la entidad que queremos que, sea cual sea el importe de la compra, siempre se exija la introducción del PIN para mayor seguridad.

No siempre podremos utilizar el pago contactless con nuestras tarjetas, ya que para usarlo es necesario que el datáfono en el que se va a fectuar la compra esté incorporado la tecnología NFC y no todos los TPV la tienen ya. En cualquier caso, todas las tarjetas contactless pueden usarse también sin contacto, por lo que en caso de que el comercio no admita este tipo de pago bastará con recurrir al método tradicional e incorporar el plástico dentro de la máquina. 

Pagar con el móvil, el sustituto de las tarjetas

Aunque el contactless ha sido la innovación del sector de los medios de pago que más ha triunfado entre los consumidores de a pie, la banca no cesa en su esfuerzo por ofrecer cada vez soluciones más innovadoras a sus clientes. De hecho, los esfuerzos del sector financiero, dentro del cual incluimos a las compañías fintech, parecen encaminados hacia la creación de gadgets que en un futuro acaben sustituyendo por completo a las tarjetas de plástico.

Actualmente, el smartphone es la alternativa a las tarjetas más extendida. Cada vez son más los TPV que aceptan el pago con móvil y la mayoría de los modelos de smartphone nuevos ya incluyen la tecnología NFC, que permite utilizar el terminal como medio de pago y como sustituto de las tarjetas. Los teléfonos que no disponen de la tecnología NFC también pueden convertirse en tarjetas si el cliente engancha en el reverso del aparato un sticker proporcionado por el banco que funciona como una minitarjeta contactless.

El funcionamiento de los pagos con móviles es parecido al pago contactless con tarjeta:

  • Lo primero que debemos hacer para pagar con nuestro smartphone es descargar la aplicación que nos permitirá convertir nuestro móvil en un medio de pago. Tenemos dos opciones: por un lado, podemos descargar la aplicación de nuestro banco, pero en ese caso solo podremos asociar las tarjetas emitidas por esa entidad, por lo que si queremos vincular varias tarjetas de varios bancos al móvil, nos tendremos que bajar las apps de las distintas entidades; por el otro, podemos descargar un wallet independiente, como Apple Pay, Samsung Pay o Android Pay, que permitirá vincular tarjetas de distintas entidades.

  • Si ya tenemos instalada una aplicación para pagar con el móvil en lugar de con tarjetas, solo debemos abrirla en el momento en el que queramos usarla (aunque algunas apps permiten pagar con el móvil sin necesidad de entrar en ellas). Será necesario introducir la contraseña para ejecutar la aplicación o, en su defecto, utilizar la forma de verificación de identidad que tengamos habilitada (huella dactilar o reconocimiento de iris, por ejemplo).

  • Acercamos el smartphone al TPV para realizar la compra. Debemos seguir las instrucciones del wallet que utilicemos, ya sea uno ajeno a la banca, como Samsung o Apple Pay, o de nuestra entidad. Además, tendremos que asegurarnos de que el datáfono tiene la tencología contactless y de que nuestro terminal lleva activado el sistema NFC o, si carece de él, tiene un sticker enganchado en su reverso. 

  • Pagamos. Una de las ventajas de la tecnología contactless que agiliza aún más el pago con móvil es el hecho de que para las compras inferiores a 20 euros no es necesario introducir el código pin en el datáfono. No obstante, muchas entidades permiten eliminar esta característica y obligar siempre a teclear el pin si el cliente se siente inseguro con esta funcionalidad. Una vez efectuada la compra, la app que hayamos usado nos enviará una notificación push advirtiéndonos de que se ha realizado una compra y del importe de esta. 

Si, desafortunadamente, perdiésemos el móvil, podremos desactivar los datos que tengamos en los wallets de forma remota desde otro dispositivo con conexión a Internet. Asimismo, no olvidemos que por lo general si un teléfono es perdido o robado, se puede bloquear, por lo que no se podría usar ni el wallet ni ninguna otra aplicación. Asimismo, los wallets requieren un primer nivel de identificación (contraseña, huella, etc.) y un segundo nivel si la compra supera los 20 euros (pin de la tarjeta) por lo que son varias las medidas de seguridad que nos protegen.

Pero el pago con móvil no es el único intento de sustituir a las tarjetas tradicionales que ha surgido en el mercado durante los últimos. Las fintech y los bancos han ido lanzando nuevas propuestas que pretenden modernizar, más si cabe, el terreno de los medios de pago, como los anillos o las pulseras contactless, los stickers para pegar detrás del teléfono móvil o innovaciones menos extendidas como las gafas de sol o los trajes convertidos en medios para pagar compras. 

¿Se pueden utilizar las tarjetas en el extranjero?

Las tarjetas de crédito y de débito son un medio de pago ideal para llevar en la cartera cuando se cruza la frontera, primero porque nos permiten evitar llevar ingentes cantidades de efectivo para poder costear todo el viaje y, segundo, porque nos aportan seguridad. Actualmente, la mayoría de las tarjetas comercializadas en España pueden usarse para sacar dinero o abonar compras en cualquier parte del mundo. Es recomendable salir de casa con más de una tarjeta por si alguna de ellas no funciona, se pierde o se la "traga" un cajero. Así, si surge cualquier complicación, evitaremos quedarnos sin una tarjeta con la que operar.

Vale la pena averiguar, antes de utilizar una tarjeta fuera de España, cuáles son los costes asociados. Por lo general, los bancos suelen penalizar las extracciones de efectivo en el extranjero con una comisión que puede llegar a ser, incluso, del 4 % sobre el importe retirado, con un mínimo de tres o cuatro euros, aunque si el cajero está situado en la eurozona el precio puede ser menor. Sin embargo, algunos bancos permiten sacar dinero fuera de España gratis. Es cuestión de preguntar. Además, sacar dinero o pagar una compra con una de nuestras tarjetas en una moneda extranjera no suele ser gratis tampoco. Pero ambas comisiones se pueden evitar eligiendo bien el banco.

Aunque cualquier tarjeta puede servirnos en el extranjero, las tarjetas de crédito son, en principio, las más útiles. Primero, porque para ciertos servicios, por ejemplo reservar un vehículo, muchas veces solo se admiten este tipo de plásticos y, segundo, porque este tipo de tarjetas incorporan seguros muy atractivos que pueden ser de gran ayuda a la hora de hacer un viaje, mientras que las de débito no suelen tenerlos. Nos referimos a los seguros de asistencia en viajes y accidentes en el extranjero.

¿Qué es el CVV de una tarjeta bancaria?

El CVV (card verification value) o CVC (card verification code) es un grupo de tres o cuatro dígitos que incrementa la seguridad de las tarjetas y sirve para garantizar que es el titular del "plástico" el que realmente la utiliza. La razón de ser de este código es incrementar la seguridad de los plásticos, sobre todo cuando se realizan compras online, y también añadir un obstáculo más para que un tercero no pueda usar la tarjeta de otra persona de forma fraudulenta. 

A pesar de que su nombre, incluso sus siglas, no sea demasiado conocido, el uso del CVV está muy extendido entre las personas que utilizan sus tarjetas para comprar por Internet, ya que la mayoría de las veces para abonar una compra es necesario introducir estos dígitos, junto con el número del plástico, el nombre del titular que aparece impreso en la tarjeta y su fecha de caducidad. El objetivo es añadir un grado mayor de seguridad y asegurar que la persona que está realizando la compra realmente lleva la tarjeta consigo.Existen dos tipos de CVV: el de tipo 1, que está encriptado en la banda magnética de la tarjeta y que el TPV se encarga de leer automáticamente cuando el "plástico" se introduce dentro o se desliza por encima de él (así el banco se asegura de que el vendedor tiene realmente la tarjeta) y el de tipo 2, que es el que aparece grabado en la superficie de la tarjeta y el que utiliza el consumidor conscientemente.

En las tarjetas de las marcas Visa y Mastercard, el código de seguridad CVV está en el reverso y son tres números aislados que suelen estar impresos en el recuadro de firma. Si los digitos de la tarjeta, por su diseño, también están en la parte trasera del plástico, entonces el CVV serán los últimos dígitos. En el caso de las tarjetas American Express, el código de seguridad, llamado CID, se encuentra en el anverso del "plástico".

He perdido o me han robado la tarjeta, ¿qué hago?

Perder una tarjeta es más habitual de lo que parece. Tampoco son pocos los que alguna vez en su vida han sufrido un robo de sus tarjetas, ya sea físicamente o porque les han clonado los datos. Pero ¿qué hacer en esos casos? Las tarjetas son un elemento sensible y cuando perdemos una de ellas lo más importante es actuar con rapidez para evitar males mayores y que cualquiera pueda acabar gastando nuestro dinero. A continuación, los pasos que debemos seguir si perdemos o nos roban alguna de nuestras tarjetas o creemos que la han clonado:

  1. Dar de baja la tarjeta: el primer paso que deberíamos dar es bloquear el plástico que hayamos perdido o que creamos que nos han clonado. De esta manera, evitaremos que cualquiera pueda usarlo sin nuestro consentimiento. Eso sí, antes de cancelar una tarjeta debemos asegurarnos de que realmente está comprometida, ya que si posteriormente queremos volver a usarla, ya no podremos, pues estará bloqueada. Otra opción, si no estamos seguros de haberla perdido, es apagarla mediante la aplicación del banco (no todos lo permiten), es decir, bloquearla temporalmente, con el objetivo de cancelarla definitivamente en el futuro o de encenderla a posteriori si solucionamos el problema. Bloquear una tarjeta es muy sencillo y tenemos varios canales para hacerlo: podemos llamar al número de teléfono que todos los bancos tienen activado para ese fin y que está operativo cualquier día a cualquier hora, podemos anularla en una oficina, podemos cancelarla a través de la app del móvil o accediendo a la banca virtual.

  2. Poner una denuncia ante las autoridades: aunque en ese momento sea una opción poco apetecible, si nos han robado una de nuestras tarjetas, lo ideal sería que acudiésemos a una comisaría e interpusiésemos una denuncia. Así, si llegásemos a tener que reclamar alguna cantidad a nuestro banco, la denuncia nos ayudaría dar fuerza a nuestra petición.

  3. Revisar los movimientos de la tarjeta: debemos comprobar de forma más o menos regular el extracto de nuestras cuentas y de nuestras tarjetas de crédito para verificar que todos los movimientos que aparecen registrados los hemos realizado nosotros y no hemos sido víctimas de ningún fraude. Para comprobar los movimientos relativos a nuestra tarjeta de débito solo debemos mirar el extracto de la cuenta asociada y si queremos revisar los cargos asociados a la tarjeta de crédito, podemos revisar el extracto de esta. Aunque deberíamos hacerlo regularmente por simple precacución, con más razón aún si nos han robado la tarjeta o la hemos perdido.

  4. Solicitar una nueva tarjeta: si hemos bloqueado una de nuestras tarjetas, ya sea porque la hemos perdido, porque la han clonado o porque, directamente, nos la han robado, tendremos que bloquearla y solicitar una nueva. Recordemos que una vez bloqueada, no podremos usarla incluso si llegásemos a encontrarla. Así que en caso de pérdida o robo y una vez cancelado el "plástico" y hechos los trámites oportunos, no tendremos más remedio que solicitar una tarjeta nueva para poder volver a operar con normalidad. Para ello, podemos acudir a nuestra oficina del banco, solicitarla por teléfono, a través de la banca a distancia o, incluso, mediante la app del banco. La recepción del "plástico" nuevo podría tardar hasta un par de semanas.

Debemos saber que cuando alguien utiliza de forma fraudulenta una tarjeta que no es suya, el titular del plástico tendrá que hacerse cargo de los primeros 150 euros que se hayan abonado hasta el momento en el que se avise a la entidad. A partir de ese momento, cualquier gasto extra que se haga con el plástico no será nuestra responsabilidad. No obstante, una nueva directiva europea planea reducir ese techo a 50 euros.

Después de realizar la denuncia, la entidad se hará cargo si no ha habido un comportamiento negligente por nuestra parte. Es decir, que como titulares no tomáramos las medidas de seguridad para proteger nuestra tarjeta y su número secreto (tener apuntado el código en el propio plástico o en un papel dentro de la cartera, por ejemplo) o si nos demoramos en hacer constar a las autoridades y a nuestro banco de su extravío o sustracción

Medidas de seguridad a tomar con las tarjetas bancarias

Con todos los avances tecnológicos y el afán de los emisores de tarjetas y de los bancos por hacer sus tarjetas más seguras, operar hoy en día con estos medios de pago es, en principio, seguro. No obstante, existen, como en todo, ciertos riesgos. El principal es que alguien utilice nuestra tarjeta de forma fraudulenta, ya sea porque la hemos perdido o porque la han clonado. Para evitar este tipo de situaciones, conviene tomar ciertas medidas de precaución que nos podrán evitar más de un susto:

  • Tener cuidado al utilizar un cajero automático: si bien utilizar un cajero automático es una operación aparentemente segura, debemos comprobar que nadie lo haya manipulado previamente con el fin de duplicar los datos de la tarjeta y así usarla sin nuestro consentimiento o, directamente, llevarse nuestra tarjeta o nuestro efectivo con algunos trucos como el cash trapping o el card trapping. Así que antes de utilizar un cajero deberíamos tomar tres medidas de precaución: en primer lugar, comprobar que el dispensador no ha sido manipulado y que no tiene elementos móviles que no le pertenecen, sobre todo en el teclado y en el lector de tarjetas; en segundo lugar, tapar nuestra mano en el momento de introducir el código PIN, para evitar que una cámara pueda registrar nuestros movimientos y otros puedan averiguar cuál es; y, en tercer lugar, ser discretos y evitar que el resto de personas que hayan por la zona vean qué hacemos.

  • Aprenderse de memoria el código PIN de las tarjetas: el código PIN de una tarjeta es la llave que nos permitirá utilizar el plástico en un cajero para sacar dinero o en una tienda para realizar una compra. Es decir, que conociendo el PIN se puede acceder al saldo. Es muy importante memorizar los códigos pin de las tarjetas que utilizamos regularmente y que llevamos encima con nosotros cuando vamos a comprar y, sobre todo, jamás llevarlos anotados en la cartera junto con los plásticos a los que hacen referencia. De hecho, una de nuestras obligaciones como usuarios de tarjetas es ser diligentes con los códigos pin y cuidarnos de que nadie los pueda aprender. 

  • Bloquear la tarjeta en caso de robo o extravío: si lamentablemente perdemos alguna de nuestras tarjetas o nos la roban, lo primero que tenemos que hacer y con la mayor prontitud posible es bloquearla para que nadie pueda usarla y provocar un daño mayor. Una vez cancelada, tendremos que solicitar otra, incluso si la encontramos. Si necesitamos bloquear una tarjeta de crédito o débito solo tenemos que llamar al teléfono que todas las entidades tienen disponible para estos casos. A veces, también es posible realizar la cancelación a través de una aplicación móvil o a través de los teléfonos que hay en los cajeros automáticos.

  • Actuar si el cajero no expulsa nuestra tarjeta: es más habitual de lo que parece que después de realizar una operación, cuando ya hemos terminado, el cajero automático no expulse nuestra tarjeta. Lo que coloquialmente se conoce como "tragarse la tarjeta". Si nos ocurre esto, lo primero que debemos hacer es entrar en la oficina a la que pertenezca el cajero y decírselo a algún trabajador para que, si puede, nos la devuelva. Si se da el caso de que el cajero está desplazado y no pertenece a ninguna oficina o de que la sucursal está cerrada, lo que debemos hacer es llamar al teléfono que aparezca en el terminal y comunicar que la máquina se ha "tragado" nuestra tarjeta. Ellos nos dirán cómo proceder en tal caso, pero lo más probable es que nos cancelen la tarjeta y nos den una nueva.

  • Verificar las notificaciones de la aplicación: si tenemos descargada la aplicación de nuestro banco, nos llegarán notificaciones cada vez que realicemos un gasto (saquemos dinero o abonemos una compra) con nuestra tarjeta. De esta manera, podremos controlar los movimientos de nuestra tarjeta y descubrir si se ha utilizado de forma fraudulenta en tiempo real. Además, algunas apps ofrecen funciones relativas a la seguridad que pueden ser útiles como la posibilidad de "apagar" y "encender" la tarjeta o la opción de bloquearla permanentemente o durante un período de tiempo determinado.

FAQ: ¿Cómo te puede ayudar esta página?

A continuación, te ayudamos a resolver algunas de las preguntas más habituales que surgen a los consumidores sobre las tarjetas como, por ejemplo, dónde se solicitan o cómo se bloquean. Gracias a este bloque del texto, podrás resolver tus dudas de forma rápida. 

¿Cómo puedo solicitar una tarjeta?

Contratar una tarjeta, sea del tipo que sea, es muy fácil. Solo es necesario acudir a una oficina de la entidad que comercializa la tarjeta de crédito, débito o prepago que queramos y solicitarla o bien realizar los trámites por Internet o teléfono si existe esa posibilidad. Eso sí, si bien algunas tarjetas no requieren cambiar de banco, sobre todo las financieras, si queremos una tarjeta bancaria lo más probable es que necesitemos tener abierta una cuenta en la entidad, por lo que tendremos que tramitar su apertura. En cuanto al procedimiento en sí, si ya somos clientes de la entidad bastará con pedir la tarjeta y ellos comprobarán si cumplimos el perfil para tenerla. Si somos nuevos clientes, será necesario rellenar un formulario con nuestros datos, así como adjuntar la documentación correspondiente y enseñar nuestro DNI para que la compañía pueda verificar quiénes somos.

¿Por qué no me conceden una tarjeta de crédito?

A diferencia de las tarjetas de débito y de las prepago, que actúan como simples monederos y que, salvo en casos concretos en los que admiten descubiertos, no permiten a su titular endeudarse, las tarjetas de crédito implican la concesión de una línea de crédito a su titular, por lo que el riesgo que acarrea la entidad emisora es mucho mayor con este tipo de plásticos. De ahí que sean las más difíciles de conseguir. Cuando solicitamos una, el banco o la financiera que haya recibido la solicitud estudiará con detenimiento nuestra situación financiera (ingresos regulares, gastos fijos, situación laboral...), así como nuestro historial crediticio (deudas vigentes, impagos, si nuestro nombre aparece en un fichero de morosos...). Si tras enviar la solicitud el banco nos deniega la tarjeta de crédito, significará que no hemos superado sus criterios de concesión. Las razones podrían ser muchas: estamos en ASNEF, no disponemos de una situación laboral estable, nuestros ingresos no son suficientes, estamos sobrendeudados... En cualquier caso, si nos deniegan el plástico, siempre podemos acudir a otra de las muchas entidades emisoras de tarjetas de crédito que existen en el mercado.

¿Cuánto tiempo tardaré en recibir mi tarjeta?

Dependerá de la entidad a la que se la hayamos solicitado, del volumen de trabajo que tenga en ese momento, de su política relativa a los plazos, etc. En ocasiones, podremos conseguir nuestra tarjeta al momento (solo si acudimos a una oficina) mientras que en otras tendremos que esperar días o, incluso, una o dos semanas para que nos llegue. En principio, la velocidad de recepción del "plástico" dependerá del proceso de solicitud (si se realiza a distancia o en una oficina), de cuán rápidos seamos enviando toda la documentación, de si el banco manda la tarjeta a casa o la envía a una sucursal, etc. Tampoco debemos olvidar que el proceso de aceptación de la solicitud de una tarjeta de crédito es más lento que el de una de débito, ya que la primera requiere un análisis de riesgo mayor y un estudio crediticio del cliente, mientras que con la de débito la entidad apenas asume riesgos, pues el cliente solo puede gastar el dinero que tenga en la cuenta.

¿Cómo puedo empezar a utilizar mis tarjetas?

Activar una nueva tarjeta es muy fácil. Solo hace falta seguir los pasos que nos indique la entidad (nos informará de ellos en la sucursal bancaria si recogemos allí la tarjeta o mediante una carta si nos la envían a nuestro domicilio). Lo más habitual es que para activar cualquier tarjeta se tenga que llamar por teléfono al banco y solicitar su activación (se tendrá que aportar algún tipo de clave para confirmar que somos el titular de la tarjeta) o se haga a través de Internet, mediante la banca virtual. En ocasiones, también es posible activar las tarjetas a través de un cajero o de la app del móvil. Sea cual sea el método de activación que utilicemos, antes de empezar a utilizar una tarjeta debemos cerciorarnos de que realmente está operativa y, si es una tarjeta de crédito, debemos saber cuál es la modalidad de pago que lleva instalada por defecto y cambiarla si procede.

¿Puedo utilizar mis tarjetas para hacer compras online?

Sí se puede y es una práctica muy habitual. Se pueden comprar bienes y contratar servicios por la red y pagar con una de nuestras tarjetas sea del tipo que sea, bastará con seguir los pasos que la página web vaya indicándonos. Por lo general, será suficiente con introducir los datos de la tarjeta: número, CVV, nombre del titular y fecha de caducidad. En ocasiones será necesario también introducir un código recibido por SMS para completar la transacción. En cualquier caso, antes de introducir datos tan sensibles como los de nuestra tarjeta en una web, debemos comprobar que la página por la que estamos intentando comprar es segura. Podemos hacerlo revisando la URL de la web, para cerciorarnos de que realmente es la página en la que creíamos estar y no una imitación, fijándonos en que empiece por "https" y que, además, tenga un símbolo con un candado de color verde en la parte izquierda de la barra de direcciones.

¿Se puede aumentar el límite de las tarjetas de crédito?

Afirmativo. Los límites de una tarjeta de crédito pueden aumentarse y también reducirse tanto a petición del titular como a discreción del banco. En el caso de querer aumentar el límite del crédito, será necesario ponerse en contacto con la entidad o solicitarlo a través de la banca a distancia. Una vez remitida la solicitud, la entidad la valorará según sus criterios de riesgo y procederá o bien a aumentar la línea de la tarjeta de crédito o bien la dejará tal cual y rechazará la solicitud. Por otra parte, siempre que no superemos el máximo que nos conceda la entidad, podemos ir variando otros límites como el máximo que se puede sacar al día en un cajero o el máximo que se puede gastar en tiendas.

¿Cómo se bloquean las tarjetas?

Cancelar una tarjeta, sea del tipo que sea, generalmente, es un proceso muy sencillo. Tan solo hace falta llamar al teléfono que el banco o la entidad emisora del "plástico" tenga establecido para tal efecto e informar de nuestra decisión de bloquearla. Por lo general, el número de teléfono para cancelar una tarjeta está disponible a cualquier hora, cualquier día del año, así que podremos dar la orden cuando sea. Pero las tarjetas no solo pueden cancelarse por teléfono. Algunos bancos permiten que sus clientes den de baja una tarjeta a través de su área personal de banca a distancia o a través de la aplicación instalada en el móvil. En el caso de robo, deberemos interponer una denuncia en una comisaría de policía, para evitar estar protegidos ante un uso ilegal de ellas. Tendremos que guardar la copia de la denuncia para que podamos reclamar ante nuestra entidad en caso de que se produzca un uso fraudulento.

Sobre esta página

Para qué sirve esta página sobre tarjetas: en el siguiente texto podremos encontrar toda la información que necesitamos para conocer los distintos tipos de tarjetas que podemos encontrar actualmente en el mercado e información para que podamos elegirlas correctamente. Las tarjetas de crédito, débito y prepago tienen unas características que las harán más o menos recomendables según cuál sea nuestro perfil financiero y para qué queramos utilizarlas.

Fuente: los datos y la información relativos a las tarjetas, tanto de crédito como de débito y prepago, que aparece en este artículo proceden de la investigación y de la experiencia de los expertos que forman parte del equipo de HelpMyCash.com, así como del análisis de las distintas ofertas que existen actualmente en el mercado y de fuentes oficiales como el portal virtual del Banco de España.

Metodología: el equipo de HelpMyCash ha analizado la información disponible en el mercado sobre este medio de pago, así como las características particulares de cada tipo de tarjeta y la información precontractual de los diferentes plásticos que comercializa cada banco.

Sobre HelpMyCash.com: somos un comparador online compuesto por un equipo de especialistas en finanzas. A través de nuestro portal, el usuario podrá comparar diferentes productos de finanzas personales y de economía del hogar, además de acceder a una información de calidad, lo que le permitirá escoger el producto más barato.

Aviso: todos los servicios ofrecidos por el comparador online HelpMyCash.com al usuario son gratuitos. HelpMyCash obtiene sus ingresos de sus productos destacados y de la publicidad. Podemos recibir una compensación por los clientes generados a través de nuestra plataforma.

Te escuchamos: desde HelpMyCash queremos ayudarte a solucionar cualquier duda que tengas. Para ello, ponemos a tu disposición los siguientes servicios:


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Miquel Riera

Especialista en Hipotecas, Préstamos y Tarjetas de HelpMyCash.com

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Javier Mezcua

Redactor especializado en finanzas personales.


Preguntas recientes

Avatar  de Eraseunavez

Transferencia a Visa dada de baja.

Resulta que me hicieron un reembolso a una targeta dada de baja. La parte q me lo ha enviado me dice q se a hecho la transferencia y q el dinero debo reclamarlo al banco emisor (me han enseñado comprobante) y la el banco emisor me dice que no se pueden hacer transferencias a targetas bloqueadas. Donde esta mi dinero??

Eraseunavez 18/05/2018 | 1 respuesta/s

1 HelpMyCash el 18/05/2018

avatar para HelpMyCash

Buenas tardes, Eraseunavez:

No terminamos de entender bien tu problema. Si una tarjeta está bloqueada, normalmente las órdenes no se terminan de ejecutar. Si nos das más información, te podremos ayudar mejor con tu consulta. De todas formas, lo mejor es que te pongas en contacto con el banco para que te resuelva tu problema.

Quedamos a la espera de tu respuesta.

¡Un saludo!


Avatar  de xiaxia

tarjeta wizink

hola, hoy un comercial me ha rellenado unos datos con mis datos del banco etc, para que me llegue a casa una tarjeta wizink, me ha dicho que tardará algunos días, pero no quiero tenerla ni tener nada que ver en esto, yo pensaba que era para otra cosa, cuando me llegue la tarjeta si no la activo no estaré de alta ?

xiaxia 17/05/2018 | 1 respuesta/s

1 HelpMyCash el 17/05/2018

avatar para HelpMyCash

Hola, xiaxia:

En principio, si no las activas no debería de haber ningún problema. Sin embargo, podrías asegurarte llamando al 917 87 47 47 para cancelarla. Además, si no han pasado 14 días naturales desde que firmaste el contrato, puedes acogerte al derecho de desistimiento. Esto no conlleva ningún coste, pero tienes que dirigir una notificación escrita. En los términos y condiciones de la tarjeta encontrarás toda la información.

Un saludo


Avatar  de carlos 78

Tarjeta de débito para autorizado

Mi duda es la siguiente: Siendo yo titular de la cuenta, me gustaría saber si al asociar otra persona a mi cuenta, ésta, tendría derecho a otra tarjeta de débito o no.

carlos 78 17/05/2018 | 1 respuesta/s

1 HelpMyCash el 17/05/2018

avatar para HelpMyCash

Hola, carlos 78:

En primer lugar, debes saber que la Cuenta corriente de imaginBank es individual y no permite nombrar autorizados ni titulares.

Si quieres una cuenta que permita incluir más personas te aconsejamos que consultes el ranking de mejores cuentas con tarjetas gratuitas.

En cuanto a las tarjetas adicionales, la mayoría de bancos permiten contratar otra pero no siempre será gratuita.

En este artículo encontrarás información sobre cuentas para compartir que quizá te ayuden.

Un saludo.


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